
La Asociación de Criadores participó en Rural Experimenta IV, un laboratorio nacional que une cultura y ganadería para fortalecer el futuro de las razas autóctonas que lanza ahora una publicación que recoge lo vivido en en el encuentro
La Asociación de Criadores de raza caprina Payoya participó como entidad promotora en Rural Experimenta IV, un laboratorio de innovación celebrado en Grazalema (Cádiz) del 18 al 22 de noviembre de 2024, centrado en la relación entre cultura y razas ganaderas autóctonas.
La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Cultura en colaboración con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, marca un hito al abordar por primera vez, de manera específica, el patrimonio ganadero como eje cultural, social y territorial.
España cuenta con 166 razas o variedades autóctonas, de las cuales 148 están en estado de amenaza. En este contexto, Rural Experimenta IV se planteó como un espacio de trabajo colectivo para generar propuestas que, desde la cultura y la creación, contribuyan a visibilizar el valor social, económico y medioambiental de la ganadería extensiva vinculada a estas razas.
La Cabra Payoya: cultura, identidad y territorio
La publicación derivada del laboratorio recoge el artículo “Ganadería autóctona y desarrollo rural: el caso de la Cabra Payoya”, firmado por Olga González Casquet, en representación de la Asociación.
En él se subraya que razas como la Cabra Payoya y la Oveja Merina de Grazalema no han sido solo una actividad productiva, sino el modo de vida de generaciones enteras. Lana, carne y leche dieron forma a una manera de hacer, entender y nombrar el territorio. Cuando se rompió el vínculo directo entre ganaderos y comunidad, comenzó también el declive: pérdida de valoración social, dificultades de rentabilidad, falta de relevo generacional y riesgo de desaparición.
Olga González Casquet define una raza autóctona como el resultado de un esfuerzo colectivo sostenido en el tiempo, una adaptación profunda al territorio que termina por fundirse con el paisaje, la identidad y la propia supervivencia de la población que lo habita.
La Cabra Payoya, raza autóctona andaluza catalogada como amenazada, es ejemplo de esa adaptación: animales seleccionados durante generaciones para aprovechar pastos en zonas de difícil acceso en la Sierra de Grazalema, con características morfológicas y genéticas propias que forman parte del patrimonio vivo del territorio.
Datos que sostienen el compromiso
El artículo también pone cifras al trabajo técnico desarrollado por la Asociación:
- Más de 70.000 animales inscritos en el libro genealógico.
- 22.558 análisis de filiación realizados.
- 5.183 dosis seminales conservadas en bancos de germoplasma.
- Más de 800.000 controles de rendimiento lechero.
- 6.626 inseminaciones artificiales para fortalecer la variabilidad genética.
- Cerca de 25.500 animales evaluados genéticamente en caracteres lecheros.
Cultura como herramienta urgente
Uno de los mensajes centrales del texto es claro: las herramientas culturales para la conservación de razas autóctonas son todavía prácticamente inexistentes, y su desarrollo es urgente. La experiencia de Rural Experimenta IV ha permitido abrir esa vía. Durante una semana de convivencia en Grazalema, tres grupos de trabajo abordaron cuestiones como patrimonio, relevo generacional y alianzas con otros sectores. El resultado no fueron solo propuestas concretas, sino la creación de redes y sinergias entre ganaderos, técnicos, agentes culturales y ciudadanía.
Para las asociaciones participantes —la Asociación de Criadores de la Raza Caprina Payoya, la Asociación de Criadores de la Raza Ovina Merina de Grazalema y la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Caprino de Raza Blanca Andaluza o Serrana— este laboratorio supone un primer paso decisivo para integrar la dimensión cultural dentro de los programas de conservación y valorización.
Como recoge la publicación, resulta imprescindible que las iniciativas culturales se incorporen como líneas estratégicas dentro de los programas de mejora y conservación de las razas, así como en la valorización de sus productos y servicios ecosistémicos.
Una metodología para replicar
La publicación tiene además un objetivo claro: extender el alcance del proyecto más allá de la experiencia concreta, ofreciendo una metodología y un conjunto de herramientas y aprendizajes que sirvan de referencia para quienes deseen impulsar procesos similares de colaboración entre cultura y medio rural.
De este modo, Rural Experimenta IV no se limita a una experiencia puntual, sino que se consolida como modelo replicable para otros territorios y otras razas autóctonas.
Mirar al futuro desde el lugar que también somos
La Asociación de Criadores de la Cabra Payoya reafirma así su convicción de que trabajar desde la cultura en torno a las razas autóctonas no es solo necesario, sino prioritario y especialmente urgente en el caso de las razas amenazadas.
El desafío ahora pasa por consolidar estas líneas de trabajo y contar con el respaldo institucional necesario para garantizar financiación estable a medio y largo plazo.
Porque conservar una animal como la Cabra Payoya no es únicamente preservar una raza: es proteger un paisaje, un conocimiento transmitido durante generaciones y una manera única de entender el territorio.



